lunes, 24 de mayo de 2010

Nos deben otra Copa

Ya les avancé en mi crónica de la clasificación para la final de la UEFA que en el fútbol mantengo ciertas supersticiones irracionales. No sé si es porque este año hemos llegado a dos finales, y los partidos a cara o cruz han sido muchos, pero la final de la Copa del Rey fue un compendio de supersticiones absurdas que no cambiaron el resultado: derrota y adiós al tan anhelado Doblete.

MIÉRCOLES 9:15 HORAS
Me reúno con tres amigos: Ger (al que por cierto, nunca lo he dicho, pero conocí gracias a este blog), Chechu y Chamorro, para coger el coche rumbo a Barcelona (El elevado gasto de Hamburgo obligó a buscar en Copa el camino más asequible posible).
Pongo mi bufanda ondeando del Mini Cooper de Ger (íbamos bien apretaditos) y recibo los saludos y los toques de claxón de todo el respetable de la A-2.
Algunos incluso quieren que bajemos la ventanilla para hablar, supongo que para desearnos suerte para esta noche... Qué simpáticos, querrán preguntarnos si vamos para Barcelona...
Al tercer hombre que lo intenta, uno empieza a sospechar que aparte de lo de la bufanda hay algo más. Y efectivamente. La rueda trasera derecha está pinchada por un clavo como Kanouté de grande. Primera parada, Alcalá de Henarés, donde preguntamos en una gasolinera cómo llegar al taller más cercano.

11:00 HORAS, PRIMERA SEÑAL
Subsanado el pinchazo, uno vuelve al coche con fuerzas renovadas. Hemos perdido casi dos horas de viaje, pero intento convencer a todos de que esta piedra en el camino no es más que una señal: las complicaciones nos llevarán al éxito. La Copa está ganada. Por el camino carretera de Zaragoza arriba uno no cesa de cruzarse con otros coches engalanados con sus bufandas o sus banderas del Atleti. La A-2 es por momentos una riada rojiblanca. ¡Qué alegres son los colores, de tu raya roja y blanca!
El móvil de Ger conectado a la radio del coche nos deleita con los himnos del Atleti (el oficial y el de Sabina) y con la canción del Kun Agüero y los Leales.
Desde que le escuché entonar el “¿De quién, de quién? Kun Agüero, papá” en la celebración de la UEFA, esa pegadiza musiquilla se me había metido en la cabeza.
Así que nos aprendimos la primera estrofa y, tras siete horas y media desde la primera parada en Alcalá, entramos a Barcelona cantando el “Lleva el fútbol en la sangre... es parte de su alma... la hinchada grita ¡Vamos Kun Agüero!”. Luego, en el Metro, nos quedamos con la gente entonando la tonadilla.

LLEGADA A BARCELONA, OTRA SEÑAL
Aún desde el coche, vemos en el Puerto de Barcelona varios containers rojos con el nombre de Hamburgo en letras blancas. “Otra señal chicos”, les comunico ufano. Que se añade a los solecitos sonrientes que encontramos en los camiones por el camino o a los tentáculos rojiblancos que miden la fuerza del aire.
Y durante todo el camino, una única ilusión: llegar a la fan zone...Sin embargo, no conseguimos aparcar hasta las 18:30 y cuando queremos dejar las cosas en el hostal y abastecernos de provisiones, son las siete. La fan zone cierra en apenas media hora, así que decidimos ir directamente a los aledaños del Camp Nou.
Hasta con cinco personas había quedado en verme en Barcelona. No vi a nadie. Móviles sin cobertura, mensajes sin responder, y calles desconocidas y demasiado repletas. No pasa nada, la Copa está ganada.
“El Kun Agüero, se caga en el sombrero”, es el cántico de moda que descubrimos junto a la travesía de Les Corts y que cantamos cuando aparece en escena cualquier sevillista, ante la algarabía del resto de aficionados rojiblancos, que nos miran como si la hubiéramos inventado nosotros.
“Luego lo veremos, luego lo veremos”, nos responde un veterano hincha sevillista. Y luego lo vimos...

SE ACABA LA ALEGRÍA
Comienza la cuenta atrás. Menos de una hora. Los cánticos, la algarabía, la felicidad, la ilusión por el Doblete, están a punto de esfumarse en unos minutos. Pasamos el primer “control” del Camp Nou, la amplia valla que rodea el estadio. Para pasar por la puerta definitiva las colas son interminables. Y no se avanza. “¡Esto no pasa, en el Calderón!”, grita la gente. Pero de poco vale. Al final, entramos con el partido recién comenzado.
Fila 21, el fútbol se ve de lujo ahí. A pocos metros de David De Gea, nos acomodamos con el tiempo justo de ver cómo Capel convierte un rechace cualquiera en un zurdazo imparable que revienta nuestras redes. Cuatro minutos. 1-0.Diego Capel. Un gol en 29 partidos de Liga. Al que ni siquiera esperaba como titular en esta final, a la sombra de Perotti casi todo el año. El almeriense ya tendría tiempo en el partido de demostrar su mejor faceta, la histriónica. Especialmente en el minuto 73, cuando su habitual sobreactuación generó una vergonzosa batalla campal en la banda con el único objetivo de parar el partido.

GOL TEMPRANERO EN UNA FINAL...
En una final, y más cuando se presenta con resultado tan incierto, un gol tan tempranero puede desequilibrar totalmente la balanza. Y así lo hizo.El Atleti responde bien, con la enésima cabalgada de “correcaminos” Ujfalusi, que acaba con un remate de Agüero que saca Squilachi en la línea, haciendo lo propio después con el posterior tiro de Forlán.
Queda todo el partido, hay que creer.
Pero el Atleti no llega con claridad. Un tiro lejano y al centro de Simao; una falta arriba de Reyes; un mal disparo de Forlán, después de que Antonio López le robase la cartera a Konko...
El Sevilla no ataca, pero está muy encima. Parece haber varios Zokoras sobre el campo, Kanouté aguanta todo lo que le llega arriba, y Navas y Capel intentan hacer daño cuando les llega el balón.

DEMASIADO SUFRIMIENTO
Ger no para de mirarme a lo largo del partido, buscando en mí una respuesta. Lo que encuentra es a alguien aterrado, con la cara escondida tras las manos casi todo el tiempo. "Ánimo, que queda mucho", me dice, con una cara de "joder, si éste está así, mal va la cosa, sí...".
Y el cronómetro corre, y uno piensa, si empatamos antes del descanso, bien, pero si no...
Y Palop mete una mano abajo a Forlán; y luego mete una arriba y se la come, tras un corner, pero el Kun cabecea fuera. Y el descanso llega...

MÁS SUPERSTICIONES
Me quito la bufanda conmemorativa de la final de Copa porque no me está dando suerte (llevaba puesta también la mía habitual en la otra muñeca), me tiro una foto en los baños del Camp Nou, dejo más hamburguesa de la que me apetecería comer para Ger. Todo buscando el gesto correcto que nos dé el empate. Se ataca ahora en nuestra portería. Tiene que llegar. Pero no llega.
El Atleti está espeso, un disparo lejano de Tiago es lo único reseñable en veinte minutos. La entrada de Jurado por Simao (de nuevo desaparecido) da más chispa al Atleti, y una pared suya con Tiago es salvada por un defensa a corner cuando Kun esperaba para embocar.
Otro corner. Hasta nueve sacó el Atlético. ¿Cuántos remató? Sólo uno. El mencionado de Agüero antes del descanso.

ELLOS SOÑARON MÁS "DURO"
Y el tiempo vuela entre nuestros dedos, y el Doblete se escapa de nuestros sueños a golpe de puños de Palop a cada balón colgado al área. Por momentos no puedo respirar. No está tan bien esto de vivir una final en directo. Y menos así.
Y los jugadores del Sevilla comienzan a caer al suelo para perder más y más tiempo. Y las faltas, tónica habitual de todo el choque, no cesan (el Sevilla realizó el doble de faltas que el Atleti) y Raúl García volea fuera el enésimo despeje de Palop.
Entonces, cuando todo se acaba, y unos cantan de puntillas, rozando el cielo, y otros lo hacen con la agonía del preso condenado a muerte, Perea pierde el balón en medio campo ante Navas, y el de los Palacios aún tiene fuerza para pegarse una carrera de 50 metros y dejar en el camino, con sendos rebotes, a Domínguez y De Gea, y les dice a los suyos: señores, comiencen a entonar el campeones, campeones.

LA FIESTA EN LA GRADA
Y la hinchada hispalense estalla. Y entonces uno es más consciente de que apenas son la mitad que nosotros, que el Camp Nou es dos tercios rojiblanco, rojiblanco colchonero.
Pero el título es suyo. La oportunidad de dejar en el camino a un rival por objetivos directos en la última década (ascenso, UEFA, Champions, Copa) se pierde. La grandeza reciente de los del Pizjuan se revalida, y esta Copa se une a los títulos levantados hace apenas tres y cuatro años.
El viejo Atleti, por contra, coronado campeón de Europa sólo siete días antes, no es capaz de alcanzar su décimo torneo del KO, y añade a su palmarés el mismo número de finales perdidas que ganadas en Copa: nueve y nueve.
Y en la grada, en una muestra de amor a unos colores sin precedentes, los 50.000 colchoneros se desgañitan cantando a su equipo, y reeditando el campeones, campeones que muchos no pudieron cantar en directo en Hamburgo.

Y SÓLO QUIERO DORMIR...
¿Los 50.000? No. De pie, en mi asiento, en absoluto silencio, grabó con mi cámara el espectáculo de mi afición. Sobre el campo, algunos jugadores que provocaron lágrimas en mí la semana pasada, son ellos ahora los que lloran.
Yo no tengo fuerza para nada. El cansancio, los kilómetros, las ilusiones desvanecidas, dejan paso al virus que desde el pasado lunes pelea por apoderarse de mi cuerpo. Y lo consigue. Ya no hay más por lo que luchar. Ya no quedan más finales. Lo único que quiero es dormir. Sólo espero no tener que esperar otros diez años para volver a tener un sueño.

sábado, 22 de mayo de 2010

El campeón de Europa, un equipo de descartes

En primer lugar, quiero pedir disculpas a mis lectores por no haber hecho aún la crónica de la final de la Copa del Rey. Prometo tenerla para el lunes.
El miércoles, cuando finalizó el partido del Camp Nou, el virus que estaba incubando desde el pasado lunes, y al que había estado “reteniendo”, se apoderó de mi cuerpo y me mandó directo a la cama. La decepción ayudó sin duda a que mi organismo dijera: hasta aquí. El jueves, tras horas de coche de vuelta a Madrid, me acosté a las siete de la tarde hasta el día siguiente.
UN EQUIPO DE DESCARTES
Pero hoy quiero compartir con vosotros unas breves líneas sobre el nuevo campeón de Europa: el Inter de Milán.
Sobre el campo, la bandera de este nuevo Rey de Europa es Diego Milito. A sus casi 31 años, el argentino, que descendió a Segunda con el Zaragoza hace sólo dos años, no fue pretendido por ningún grande de Europa cuando sólo costaba diez millones de euros.
Samuel Etoo, delantero de indudable eficacia, fue expulsado por Guardiola por falta de “feeling”.
Sneijder, uno de los descartes del Real Madrid de Florentino enarbola ahora el juego ofensivo del campeón de Europa.
Tiago Motta, desechado por el Barça y descartado incluso por el Atleti por sus constantes lesiones y su irregularidad, se ha perdido la final por sanción, pero ha sido un habitual en medio campo.
Esteban Cambiasso, nunca llegó a tener hueco en el Madrid, aunque es cierto que era más joven.
Walter Samuel, “la Roca” fracasó con estrépito como zaguero en Chamartín.
A esta retahíla de futbolistas que salieron por la puerta de atrás de España, por unos u otros motivos, se le unen otros más cerca de los cuarenta años que de los veinte (Zanetti, Materazzi, Stankovic, Córdoba...).
A todo esto, hay que unirle por supuesto hombres de gran calidad como Lucio, Maicón o Balotelli, aunque éste último ni siquiera jugó en la final.

¿QUÉ HACE A UN EQUIPO CAMPEÓN? ¿MOURINHO?
Con estos datos, ¿qué hace entonces a un equipo campeón de Europa 45 años después? ¿El entrenador? ¿Hasta qué punto es decisiva la figura del técnico?
A sus 47 años, José Mourinho ha ganado la Champions con el Oporto, el Inter, y estuvo cerca de hacerlo con el Chelsea. Ha ganado la Liga de todos esos países y ha caracterizado a sus equipos por un indudable carácter ganador y una competitividad fuera de todo límite. Su juego rácano y cicatero va unido al éxito, y eso es lo que busca el Real Madrid.
El portugués dirá sí al Real Madrid (los propios italianos lo dan por hecho) como hacen todos cuando la mayor meretriz de lujo de toda Europa llama a su puerta. Nadie puede resistirse a sus encantos, aunque su equipo venga de ganarlo absolutamente todo.
Y yo me pregunto, ¿Con Mou pasará el Madrid entonces de octavos de la Champions?

PD: Sin Mou o con Mou, en agosto nos vemos en Mónaco

lunes, 17 de mayo de 2010

La fiesta de la UEFA, desde dentro

La última vez que el Atleti había ganado un título yo era un niño de 15 años recién cumplidos. Acompañado de mi tío Emilio, entusiasta madridista que vive en Atocha, pude disfrutar la cabalgata organizada por Jesús Gil, con sus carruajes tirados de caballos, paseando por Madrid a las estrellas colchoneras.
Como un loco, perseguí carroza tras carroza, hasta conseguir estampadas en mi gorra del Atleti las firmas de Radomir Antic, Tomás Reñones, Caminero, Lubo Penev, Vizcaino, Juan Carlos, López, De la Sagra y Correa.
Recuerdo como si fuera hoy las carreras Castellana arriba buscando a mis ídolos, cuando hacían una parada en el recorrido hacia Neptuno, antes de que los caballos volvieran a arrancar y te pisaran un pie.
Catorce años después, he podido repetir imágenes similares, aunque con ciertos matices relevantes.

EL DÍA DESPUÉS DE HAMBURGO
Jueves a las 14:00 horas. Suena mi despertador tras haber dormido dos horas y media, después de pasar la noche en el aeropuerto de Hamburgo y en el vuelo de vuelta.
Como y aterrizo en Telemadrid a las 15:30 horas para afrontar mi quinto día allí.
Hablo por teléfono con mi padre contándole la hazaña que ha supuesto nuestra primera Europa League. Entonces, se acerca uno de mis jefes, Joaquín, y me dice mientras continúo al teléfono: “Jose, esta tarde te voy a hacer feliz”.
Voy a ir a cubrir las celebraciones del Atleti, pienso. No me lo puedo creer, cuando lo único que he hecho hasta ahora es una encuesta en el Bernabéu sobre si la gente pensaba que aún había Liga (Ja, ja, ja...).
Y efectivamente, me mandan al autobús dela prensa, que encabeza la comitiva por delante del bus descapotable de los futbolistas.
En el Calderón saludo a Antonio Ruiz, ex compañero en la Ser, hecho polvo por la paliza del día anterior. Yo lo llevo mejor, el subidón de estar ahí despeja todo tipo de cansancio.
Van subiendo, uno a uno, y ves cómo para ellos también es un hito importante, grabando por sus móviles la acogida de la gente.
EN LA ALMUDENA SE ME ESCAPA FORLÁN
Entonces, empieza el baile. Primera parada, Catedral de la Almudena. Allí nos advierten de que no se puede preguntarles ni antes de entrar ni dentro del templo. “Los canutazos para después”.
Tras ofrecer a la Virgen el título y la foto oficial, comienzan las carreras tras los jugadores. No veo mi cámara, y el objetivo más a mano es Enrique Cerezo. El presidente, buen testimonio, pienso.
Tras un par de preguntas y un “yo creo que sí lo pasaremos muy bien en Neptuno porque hay muchas ganas”, me percato de que muchos de mis compañeros han cogido a otro protagonista mejor... Diego Forlán. Un escueto “enhorabuena” es lo único que me da tiempo a decirle con pie y medio dentro del autobús. Habrá que esperar a la próxima parada.
Llegamos al Ayuntamiento. Allí conseguimos hablar en condiciones con Forlán, que nos dice que él no es el protagonista de este título, sino que lo son todos.
Gallardón les hace entrega, uno a uno, de una placa conmemorativa, y uno se da cuenta del buen rollo de este equipo. No dejan salir a recoger el premio a Assunçao o a Reyes, corean el nombre de cada uno, sueltan bromas y se gritan apodos entre ellos, y la ovación es especialmente cerrada cuando el turno es para Quique Sánchez Flores.
EL ESCENARIO: ANTONIO LÓPEZ SHOWMAN
Después, un escenario ante miles de atléticos es testigo de los botes de los jugadores, que amenazan con tirar abajo el tablado, Copa incluida.
Agüero es el que se arranca con un “¿De quién, de quién? ¡De Kun Agüero papá!”, y todos comienzan a botar.
Se ofrece el micrófono a Forlán, ante los cánticos de “Uruguayo, uruguayo”, pero el Bota de Oro se resiste a hablar, entre tímido y un comentario: “Si no me vais a dejar...”.
Efectivamente, con sólo decir un “a disfrutar”, los jugadores comienzan a ovacionar.
“Saque, saque, saque, saca la camiseta”, le gritan Simao y Perea, animándole a quitarse la camisa para deleitar a las muchas quinceañeras presentes.
Esa fue otra alegría más. Ver tanto niño y tanto adolescente del Atleti, le hacen comprobar a uno que seguimos siendo grandes. Que tendremos descendencia.
Antonio López toma la voz cantante con una serie de “Camareros...¿Queeé?” al estilo marcado por Pepe Reina tras la Eurocopa. Después, ellos mismos inician un “Bota de Oro, Perea Bota de Oro”, acogido de buen grado por el colombiano, que da saltos con la bandera de su país.
Entre los cánticos, es curioso el protagonismo que adquiere Ibrahima, que es incluso el que se lleva la Copa, pese a no haber podido disputar esta competición.
Su entusiasmo, se une al de Camacho, Domínguez, De Gea, y el propio Antonio López, en contraste con el de Tiago, algo más apartado. Lo que da buena prueba del peso de la cantera que se ha creado en el vestuario.
Aunque no me gusta tanto cuando Ibra comienza el cántico del "Agüero quédate", cuando es algo que debería darse por hecho...
A la salida, hablo con Gallardón, que cita a los jugadores para dentro de una semana, y les advierte de que, después de 14 años esperando para recibirles, no va a permitir que la siguiente vez se dilate tanto.

EL BALCÓN DE SOL
La penúltima parada es la Puerta del Sol. Aguirre les espera con una bufanda rojiblanca al cuello. Y en la plaza, miles de rojiblancos la abarrotan hasta las calles aledañas. Es sencillamente increíble.
Espero la llegada del autobús en primer plano, donde Aguirre le dice a Gil Marín que seguro que su padre lo está viendo desde el cielo.
Hablo con el propio Gil Marín, al que le transmito que ya se merecía toda esta gente una gran alegría. “Por ellos, por nosotros, por vosotros que cubrís la información del equipo”, me dice, pese a que en realidad es el primer día que tengo esta oportunidad.
Quique Sánchez Flores me dice que son unos “privilegiados”, y que la fiesta de hoy en Neptuno será “mucho mejor que la de ayer en Hamburgo”. Su sonrisa es sincera.
Como la de Domínguez, al que paro en la entrada a la sede de la Comunidad de Madrid, y me dice que para un canterano como él todo esto es increíble. Y la semana que viene a por el Doblete, le digo. “Por supuesto que sí, vamos a comérnoslos”, me responde.
También hablo con Jurado, que me asegura que aún no son conscientes de que han hecho historia, y con Reyes, que me responde con un “impresionante, amigo”.
Y pregunto a Simao, uno de los capitanes, sobre el honor de haber transportado la Copa en sus manos. “Un orgullo”, me cuenta.
En la subida camino al balcón, ahora sin micrófono, le digo a Simao que nos han dado una alegría que necesitábamos hace mucho tiempo. “Nosotros también”, me responde, y le emplazo a marcar un gol en la final ante el Sevilla. “En el Camp Nou. Sería increíble. Además, ya me toca meter”, me contesta. Como a todos, Simao.

EL CONTRASTE, PABLO IBÁÑEZ
Y en el balcón puedo contemplar Madrid teñido de rojiblanco. Los futbolistas continúan la fiesta. Y la nota triste la pone Pablo Ibáñez. Con todos botando en el balcón, él se retira. Da vueltas por la sala contigua, se asoma, sonríe. Pero no es su fiesta. Le miro a él, y miro a Perea, cantando y saltando fuera. Me da lástima por Pablo. Ambos llegaron juntos. Han vivido cinco años duros, y ahora uno puede disfrutar, mientras el otro debe irse. Habrá quién se alegre por su flirteo con el Madrid, pero viendo a ese chico espigado cabizbajo, como en una fiesta de cumpleaños a la que nadie le había invitado, a uno le provocaba una sensación agria.

NO HA CAMBIADO TANTO...
Las carreras, la lucha con el resto de medios por conseguir antes al protagonista, trajeron a mi memoria al niño de 15 años que se desgañitaba por conseguir el autógrafo de Pantic, aunque tenía que conformarse con el de Vizcaino, que quedaba más cerca de mi lado. A aquel niño, que se marchó a casa soñando, con su gorra rubricada por sus ídolos.
El jueves pasado, no había tanta diferencia, y debía refrenarme al tener al Kun al lado, o a Forlán, para no pedirles una foto, o un autógrafo. Y tenía que cantar el "¡Campeones, campeones!" para mis adentros. Aunque no me privé de saludar alguna vez desde el balcón :D
Han pasado catorce años. Y esa temporada hubo Doblete. El próximo jueves, espero repetir. El sueño continúa.

viernes, 14 de mayo de 2010

Y la amnesia se acabó en Hamburgo

Ayer, 13 de mayo, me llegó un correo de miarroba.net. ¡FELICIDADES!, decía. Qué raro, pensé yo. Juraría que esta gente no sabe que soy del Atleti...
Y no lo saben, pero es que justo hace un año me creé cuenta en ese servidor, mientras sopesaba dónde hacer renacer mi blog, después de que me lo hubiera eliminado Google días antes.
Finalmente, opté por el más vale malo conocido, y “Un Grande Sin Memoria” revivió en blogger.
Han sido muchos, en estos más de tres años de vida del blog, los que me han dicho que ojalá algún día tuviera que cambiarle el nombre. Ojalá algún día la gente no entienda el porqué de la denominación de mi blog. Quizá fuera una señal la de hace un año.
El 12 de mayo de 2010 será una fecha grabada en la historia del fútbol europeo, español y del Atlético de Madrid. Una fecha inolvidable para mi blog y para mí. Yo estuve ahí. Y el Atlético volvió a ser campeón.

EL VIAJE
Estaba citado a las 6:30 en Barajas. Llegué con tiempo al párking del aeropuerto y antes de salir del coche me puse a tope “Viva la vida” de Cold Play para salir motivado.
Compruebo atónito en las pantallas informativas que mi vuelo no sale hasta las 10:15. “Saldrá entre las 8 y las 9”, me dijeron en la Agrupación de Peñas el día que contraté el vuelo. De su desorganización y de las seis horas que pasamos en el aeropuerto de Hamburgo para volver a Madrid, declinaré hacer declaraciones. Al menos aquí, que es la crónica de un campeón.
En las cuatro horas de espera conozco a dos chicos del Frente. Y a Rubén, que sería mi compañero de viaje, en la ida, en la vuelta, y por tierras alemanas.
El vuelo se retrasa. No despegará hasta las 12. Mientras tanto, los mensajes de la megafonía de que algunos vuelos podrían cancelarse por la nube de ceniza inquietan al personal. No veo el momento de estar sentado en el avión y despegar. Una vez en Hamburgo, si no se puede volver ya importa menos.

LA LLEGADA
Por fin en Hamburgo. Llegamos sobre las tres de la tarde y nos tiramos algunas fotos junto al río Elba. Preguntamos por la fan zone y pronto llegamos. Una marea rojiblanca inunda la plaza habilitada con chiringuitos y una pantalla gigante que repite los goles del Atleti en la UEFA.
Allí coincido con Petón, al que también me encontré en Neptuno el día de Anfield, y le emplazo para mañana en el mismo sitio, junto al Dios del mar.
Conozco a Sergio Medina y a su hermano, después de varios encuentros frustrados. El nerviosismo empieza a crecer. La gente no ve la hora de que dé comienzo el partido. Yo no, prefiero disfrutar cada minuto de un día único.
A las siete de la tarde ponemos rumbo al Hamburg Arena
. Imposible entrar por la boca de Metro de Lamdungsbrücken, así que decidimos ir andando a la siguiente y cogerlo allí. Una vez en Konigstrabe (todas ellas de difícil pronunciación) hay empujones y peleas para entrar en el tren. Allí ya hay más aficionados del Fulham, con los que se transita en armonía. A más de uno les comento con mi perfecto inglés que el resultado será un three-zero (ayudado por las manos por si la pronunciación no es lo suficientemente clara).
Por el camino entre bosques hacia el estadio son muchos los alemanes con cara de resignación que ofrecen a precio de saldo dos, tres y hasta cuatro entradas, en lo que supone un éxito de la UEFA. 49.000 espectadores en una final europea, en un estadio con capacidad para 57.000.
La entrada al campo también tiene miga. Con colas interminables y cacheos exhaustivos para que luego te digan que esa no es tu entrada, que la tuya es más a la derecha.

EL PARTIDO
Una vez dentro el ambiente es espectacular. El fondo norte y una pequeña parte de los laterales, para los rojiblancos. Lo propio en el fondo sur con los ingleses. En medio, una nutrida representación de gente neutral, que en el descanso desaparecen, intuyo que para algo más que comer el bocata.
A los once minutos, Forlán avisa de que esa es su noche, con un disparo a la madera. Inconmensurable el partido del uruguayo, que se echó el equipo a sus espaldas como nunca.
El Atleti dominaba y los ingleses se limitaban a pegar pelotazos a un mermado Bobby Zamora, que baja lo que puede, casi siempre bien encimado por Perea y por un inmenso Domínguez, que sacó todo bien.
Y llega el 1-0. Kun baja un balón en la frontal y remata con la zurda en semifallo, pero su disparo frustrado se convierte en una asistencia magistral para Diego Forlán que, siempre ávido de gol, ésta en el momento justo con la predisposición perfecta, para convertir su pierna derecha en un pasaporte al gol. Se desata la alegría. La Copa está más cerca.
Sin embargo, en uno de esos balonazos del Fulham, el gigante inglés consigue deshacerse de Perea, se escora y toca atrás para Duff, que la deja en el flanco derecho del área para Gera. Está solo, pero decide colgarla al segundo palo. Allí, la cabeza de Assunçao sólo prolonga el balón para que Davies, con una espectacular volea, ponga el 1-1.
Todo había ocurrido en cinco minutos, del 32 al 37. El Atleti acusa el golpe y todo queda para la segunda parte.

EL SUFRIMIENTO
El guión ha cambiado
. El dominio claro del equipo español en la primera mitad se transforma en un aburrido monólogo del Fulham, con toques horizontales en medio campo. Pero el Atleti no la huele. Encima, un pase en profundidad buscando a Gera y un nuevo zambombazo de Davies hacen que durante unos segundos, los 12.500 atléticos de Hamburgo y los millones de Madrid, no respiren.
Por fortuna, los aficionados rojiblancos contamos este año con un desfibrilador infalible, joven y seguro, que nos aleja de cualquier atisbo de infarto. David De Gea.
En la portería de Schwarzer, un tímido derechazo de Antonio López y una falta abajo de Agüero son nuestros únicos huys. Mi sueño, y mi convencimiento, de que el gol llegaría en la portería de mi fondo, se desvanece.
Contra su norma, Quique hace los cambios pronto y quita a Simao y a Reyes por Jurado y Salvio. El primero se enfada; el segundo aplaude. Lo contrario que yo.
El partido se acaba y me veo en la prórroga. Ya lo dice el refrán: “No pierdas en cinco minutos lo que no has podido ganar en 85”. Y se acaba.

LA PRÓRROGA
Bajo al baño antes de que dé comienzo la media hora suplementaria y descubro que, sólo cinco filas más abajo que yo, está un conocido, Juanjo, el hijo de Bely.
Miro el móvil en busca de un mensaje de aliento. Como me hubiera gustado que mi novia o mi padre hubieran podido estar aquí conmigo. También me acuerdo de Jorge, cuyo vuelo hacia Berlin el día anterior no pudo despegar, y estará sufriendo en casa.
La primera mitad de la prolongación no depara sobresaltos. Miro el minuto 112 con impaciencia. ¿Ocurrirá como en la final del Doblete? ¿Como en Anfield? Pero esto es otra final. Otro título, otra alegría. Otra historia.
Tres más tarde, Agüero remata al lateral de la red un balón que tampoco acertó a meter Salvio, tras una nueva gran jugada de Forlán. Medio estadio canta gol (alguno en el avión me preguntó incluso por qué lo habían anulado). Ha dado al lateral de la red, le explico a los de al lado.
Quince minutos. Sólo quince minutos y la lotería de los penaltis. Demasiado arriesgado. Demasiado azar después de haber llegado tan lejos. Después de tanto sufrimiento. Después de tantos retrasos. 48, 24, 14 años... Horas de avión. Demasiado...

LA EXPLOSIÓN
El Atleti lo busca, pero no lo encuentra. Pero entonces algo pasa. Un balón largo, perdido, de esos que sólo gana el Kun, es salvado sobre la línea por el argentino. Le gana la partida a Hughes y se perfila hacia el área. Entonces levanta la mano. La izquierda. Ahí está. Mira dónde está la Copa. Y alguien lo ha visto. Es Forlán. Que corre raudo al primer palo y recoge el mensaje de Agüero. Mete su bota derecha, la Bota de Oro. Lo justo. No hace falta más. El gigante de dos metros Hangeland no llega. Schwarzer tampoco. El balón está dentro. ¡Gooool! ¡Gooool! ¡Gooool!
Me abrazo a los desconocidos que me rodean esa noche como si fueran mis hermanos.
Miro el reloj. Minuto 116. Sé que somos campeones.
Y entonces, sin haberme dado cuenta, me percato de que mis ojos están empañados. No puedo reprimirlo. Entre esa neblina de lágrimas contenidas veo los últimos minutos. No puedo parar. No lo entiendo. Y me acuerdo de mi novia, que me dice que soy de hielo y que nunca lloro. Esos cinco minutos, fueron probablemente cinco de los minutos más intensos de mi vida.
Éramos campeones. Campeones de Europa. Me abrazo con Juanjo. Me tiro fotos con su bandera de España con el escudo del Atleti. Y con desconocidos que pensaba que eran amigos.
El “We are the champions” suena por el Atlético de Madrid. Por fin los cañones de confeti se disparan por nosotros. Y el himno del Atleti resuena en Hamburgo.
Abajo, Forlán, Agüero, Domínguez, De Gea, Quique... los héroes de esta Copa de la UEFA, que pasarán por siempre a la historia, pasean la Copa.
Y entonces, el escudo del oso y el madroño se miró en el reflejo de esa Copa, en el frío metal convertido en sueño. Cerró los ojos, volvió a mirar. Y entonces se dio cuenta, se reconoció: soy el Atlético de Madrid. Y recuperó la memoria.
Por favor, no la pierdas nunca.

martes, 11 de mayo de 2010

Análisis del Fulham; entre el cielo y las cenizas

EQUIPO PREVISIBLE
1 Mark Schwarzer;
4 John Paintsil, 18 Aaron Hughes, 5 Brede Hangeland, 3 Paul Konchesky;
16 Damien Duff, 20 Dickson Etuhu, 13 Danny Murphy, 29 Simon Davies;
11 Zoltan Gera, Bobby Zamora.

Entrenador: Roy Hodgson (Tercera temporada)

Con un nudo en el estómago con un sabor a mezcolanza entre ceniza (de nubes) y frío metal (de título) os escribo mi análisis del Fulham inglés. El último obstáculo para, catorce años después, volver a levantar una copa. Sólo deseo que, después de 24 años anhelando una cita como ésta, una nube volcánica de cenizas no se interponga en nuestro camino hacia el cielo (espero despegar a las 8:30). A mí, que nunca he fumado...

¿CÓMO VAN?
La UEFA Europa League ha sido este año sin duda un extraordinario escaparate para el Fulham. El conjunto presidido por el multimillonario egipcio Mohamed Al-Fayed, ex propietario de los almacenes Harrods, ha hecho una temporada mediocre en la Premier, acabando duodécimo a 18 puntos de Europa, pero su andadura en la UEFA le ha llenado de parabienes.
Pese a que el Fulham jamás ha conseguido un título y que su mejor posición en la Premier fue el séptimo puesto del año pasado, no harían bien los rojiblancos en confiarse.
Para llegar a esta final, los londinenses han dejado en la cuneta al Shakhtar Donetsk, vigente campeón de la UEFA, la todopoderosa Juventus de Turín, a la que remontó un 3-1 en Inglaterra, al campeón de la Bundesliga, el Wolfsburgo, y al anfitrión de la final, el Hamburgo, que había luchado hasta el último momento para hacer realidad el sueño de jugarse el título en su estadio.
No tuvo la misma suerte en la Carling Cup, donde el Manchester City le eliminó en la primera ronda en la que entraron en liza los equipos europeos (2-1), ni en la FA Cup, en la que llegaron más lejos tras eliminar a equipos menores, pero cayeron en cuartos de final ante el Tottenham por penaltis tras un 0-0.

¿QUIÉNES JUEGAN?
El Fulham despliega sobre el campo un clásico 4-4-2, con un único hombre en punta, el espigado Bobby Zamora, por delante del húngaro Zoltan Gera, que sirve de nexo de unión con el centro del campo.
Roy Hodgson se caracteriza por ser un entrenador de carácter defensivo, que se traduce en un equipo con dos laterales a los que insta a darse pocas alegrías en ataque (Paintsil y Konchesky) y dos mediocentros de pelea y de fuerza en el mediocampo (Etuhu y Murphy).
Este talante conservador de Hodson se comprueba al observar los números del Fulham: apenas 39 goles marcados en 38 jornadas. Sólo tres jugadores de la plantilla han marcado más de cinco goles: Bobby Zamora (8), Clint Dempsey (7) y Damien Duff, (6).
Aunque prueba de la transformación en Europa es que Zamora ha hecho los mismos goles en UEFA que en Premier, otros ocho.
El equipo inglés dará la pelota a los rojiblancos e intentarán desplegar un juego directo cuando la tengan. Se trata de un conjunto competitivo, experto y muy veterano (tienen una media de edad de casi 30 años) y peligroso en las jugadas a balón parado, gracias a Bobby Zamora y a los dos metros de su central Hangeland.

El once que presente para la gran final previsiblemente será el mismo que dispuso en el partido de vuelta ante el Hamburgo (2-1), siendo el veterano Dempsey la única variante posible:
1 MARK SCHWARZER: Veteranísimo portero australiano, de 37 años, que perdió la final de 2007 contra el Sevilla defendiendo la portería del Middlesbrough.

4 JOHN PAINTSIL: Lateral derecho ghanés que estará presente en el Mundial de Sudáfrica. Buen jugador, sube bastante cuando el juego se lo permite.
18 AARON HUGHES: Central norirlandés de 30 años que puede jugar tanto en el lado derecho como en el izquierdo. Veterano en la premiert, ha pasado por Aston Villa y Newcastle.
5 BREDE HANGELAND: El jugador más alto de la Premier League. Sus dos metros de altura le convierten en un peligro en ataque y en un seguro por alto en defensa. De cintura algo rígida, no se trata de un jugador torpe para su estatura.
3 PAUL KONCHESKY: Lateral izquierdo que llegó a ser internacional inglés, aunque no ha jugado con los Pross desde 2005. Tiene dificultades para defender, pero no sube mal la banda y es peligroso en el disparo de media distancia.

16 DAMIEN DUFF: Extremo derecha que juega a pierna cambiada. Jugó en el Chelsea y es internacional irlandés. Aunque no mantiene la misma velocidad que en sus inicios, ha completado un buen año. Llega tocado al choque y no ha jugado los últimos partidos, ya que le han reservado para la final.
20 DICKSON ETUHU: Centrocampista nigeriano que jugará el Mundial con su país. Es un buen futbolista, típico mediocentro africano de enorme fortaleza, aunque no exento de técnica para mover el balón.
13 DANNY MURPHY: Es el capitán del Fulham. Veterano mediocampista de brega (33 años) que ya sabe lo que es ganar una UEFA. Ni más ni menos que hace nueve años, con el Liverpool (pasó ocho años en Anfield) y frente al Alavés.
29 SIMON DAVIES: Extremo izquierda galés. En su puesto podría entrar el estadounidense (23) CLINT DEMPSEY, peligroso por su llegada y uno de los jugadores con más calidad de la plantilla.

11 ZOLTAN GERA: Mediapunta húngaro, el mejor técnicamente del Fluham junto a Dempsey. Hombre de clase, que cae a ambas bandas y que se entiende bien con Zamora.
25 BOBBY ZAMORA: A sus 29 años ha completado la mejor temporada de su carrera. Convertido en la revelación de la Premier, su nombre ha sonado incluso como posible candidato a entrar en la lista de Inglaterra para el Mundial. No es un goleador, pero es un futbolista que se mueve muy bien, con buena presencia física y una constante pelea para los defensas. Sin embargo, como Duff, llega renqueante a la final, muy tocado del tendón de Aquiles, y podría no dar el rendimiento habitual.

HISTORIA Y TRAYECTORIA RECIENTE
Fundado en 1879, el Fulham FC es el equipo profesional más longevo de Londres.
Conocidos como los Cottagers, nunca han ganado ningún título y, de hecho, han llegado a militar en la League Third Division (equivalente a la Tercera División española).
Hasta 23 equipos distintos han ganado alguna vez la Premier, desde las 18 de Manchester y Liverpool, hasta la única de Sheffield o Ipswich Town. Sin embargo, lo más cerca que el Fulham ha estado de levantar un título fue en 1975, cuando perdieron la final de la FA Cup frente al West Ham. Con lo que su único trofeo relevante puede considerarse la Intertoto de 2002, donde golearon al Bologna 3-0 ganándose el pase a la Copa de la UEFA.
Para los londinenses se trata de su primera gran final internacional, por las cuatro que ya ha disputado el Atlético de Madrid, sin contar con la Intercontinental de 1975.
La historia está del lado del equipo español, de nuestro equipo, y espero que hagan honor a ella levantando un título que tanto nos merecemos, después de catorce años de desilusiones y disgustos. Es hora de disfrutar. Es hora de volver. ¡¡¡¡¡¡Volveremos a ser campeones!!!!!!

lunes, 10 de mayo de 2010

LA ENTREVISTA: Miguel Ángel Ruiz: "Los que jueguen esta Final deben saber que detrás tienen una afición muy necesitada"

El pasado 2 de mayo se cumplieron 24 años de la última final en Europa del Atlético de Madrid. La Recopa de 1986, con 30.000 colchoneros abarrotando las gradas del Stade Gerland de Lyon, en la que los rusos del Dinamo de Kiev doblegaron a los rojiblancos por 3-0.
El capitán de aquel Atlético, que se quedó sin la posibilidad de levantar esa copa, era Miguel Ángel Ruiz (5-1-1955), que ha querido recordar con nosotros ese día, a apenas 48 horas de la cita de Hamburgo.
"No se me va a borrar nunca. Es un recuerdo agridulce. Por un lado, la satisfacción de haber llegado a esa final, después de pasar eliminatorias duras y difíciles. Ver el ambientazo que había, la movilización de aficionados del Atleti... Pero la parte negativa es que no pudimos ganar. Es duro, por ti mismo, y por esa masa de seguidores que fueron allí y que tuvieron que volver a España decepcionados. Pero nos encontramos un equipo prácticamente invencible".
Muchos recuerdos se agolpan en la cabeza de Ruiz, diez temporadas defendiendo la camiseta rojiblanca, cuando se evoca esa Recopa. “De cada eliminatoria hay una anécdota”. Pues comencemos por el comienzo, que diría aquel.

DIECISEISAVOS:
ATLETICO-CELTIC GLASGOW= 1-1; CELTIC-ATLÉTICO= 1-2

"Ante el Celtic de Glasgow jugamos en su campo a puerta cerrada porque estaban sancionados. Fue curiosísimo jugar ese partido sin el ambiente que proponían en Escocia. Recuerdo que Luis Aragonés se puso en la grada y desde allí nos dirigió. Se oía todo perfectamente".

OCTAVOS:
BANGOR CITY- ATLÉTICO= 0-2; ATLÉTICO-BANGOR= 1-0
“El Bangor, el más desconocido y de menos nivel. Pero un equipo británico siempre es complicado. Además allí en su campo, un estadio pequeñito, con la gente encima, y recuerdo que en el calentamiento se lesiono el Pato Fillol y no pudo jugar”.

CUARTOS:
ESTRELLA ROJA- ATLÉTICO= 0-2; ATLÉTICO-ESTRELLA ROJA= 1-1
"Esa eliminatoria en Belgrado fue tremenda. Ganar allí, en el pequeño Maracaná ante 80.000 personas, fue dificilísimo. Recuerdo que había habido una nevada espectacular el día anterior y habían estado quitando la nieve".

SEMIFINALES:
ATLÉTICO-BAYERN UERDINGEN= 1-0; UERDINGEN-ATLÉTICO= 2-3
“El Bayern Uerdingen era un equipo alemán fuerte de la época. Recuerdo que le había metido siete en la eliminatoria anterior a otro equipo alemán (7-3 al Dinamo de Dresden). Y nosotros les ganamos allí en la vuelta en un partido durísimo”.

“ES UNA VEZ EN LA VIDA”
Por entonces, nadie podía imaginar que no habría otro acontecimiento igual en casi cuarto de siglo: "Cuando estás ahí, y además eres futbolista, no miras mucho más allá de la temporada próxima. Además, en esa época, y hasta hace no mucho tiempo, el Atlético de Madrid era un equipo acostumbrado a pelear por todo. Yo he vivido varias finales de Copa del Rey, de Copa de la Liga, estuvimos a punto de ganar la Liga... Pero en estos últimos diez años ha habido una sequía de partidos importantes".
Por ello, desde la experiencia, el antiguo defensa central de los rojiblancos tiene claro qué mensaje mandar a los que el miércoles saltarán a Hamburgo."Estas oportunidades se presentan a lo mejor una vez en la vida, aunque hay algunos jóvenes que ojalá tengan muchas ocasiones de llegar a finales. Es un partido para disfrutar, para jugar al 200% de concentración. Y, además, deben ser conscientes de que detrás tienen una afición muy necesitada de alegrías", sentencia.

EL TURNO DE LA CANTERA
Y entre esos jóvenes, destaca un chico que se ha asentado este año, que ha salido de la cantera, como Miguel Ángel Ruiz, y que juega en su misma posición, defensa central. Álvaro Domínguez.
“Me gusta muchísimo. La verdad es que me da una gran satisfacción ver que otra vez aparecen jugadores desde abajo, hechos aquí en la cantera. Es un chico que me recuerda muchísimo a mis comienzos. Él es zurdo, yo era diestro, pero es un jugador que sin hacer mucho ruido se ha hecho titular y le ha dado a la defensa una consistencia que no tenía. Que sabe lo que tiene que hacer en cada momento en el campo, pausado, va bien por arriba, tiene un trato aceptable del balón, y cuenta con un futuro esplendoroso. Ha llegado incluso un poquito antes que yo al primer equipo. Yo lo hice con 21 años, y él tiene 20”.
Y ese es el camino a seguir: “A él se une De Gea, ya estaba Antonio López, se fue Fernando Torres. Yo creo que, poco a poco, el Atleti va a comenzar a ser lo que siempre ha sido: buenos canteranos que forman el bloque, y luego tres o cuatro futbolistas de categoría, dos de ellos de fuera”.
“En nuestra época el club tenía muchas dificultades económicas y tuvo que tirar de gente de abajo, aunque bien es verdad que respondimos. Rubio y yo fuimos los que subimos en la 77-78 y luego, a los dos o tres años, comenzaron a venir todos los demás: Quique Ramos, Julio Prieto, Marina, Clemente... La necesidad que tenía el club, que no podía gastarse el dinero en traer gente de fuera, posibilitó que tuviéramos esa suerte. Y respondimos”, recuerda orgulloso.
“Ahora el club está teniendo problemas económicos de nuevo, y a lo mejor es el momento de estos chicos, que tienen que demostrar su valía”, añade.

"EL ATLÉTICO ES FAVORITO POR TODO"
Y para la cita del miércoles, Miguel Ángel Ruiz tiene claro quién debe imponerse: "Parece que se tiene miedo a nombrar la palabra favorito, pero el Atlético de Madrid lo es por todo: por historia, por bagaje, por futbolistas... Es favorito y así se debe sentir y asumir esa responsabilidad positiva".
Ruiz hace esta afirmación desde el conocimiento, no desde el corazón: "Sigo bastante el fútbol internacional, y al Fulham hay que tenerle respeto. Es un equipo inglés, competitivo, con gente experta... pero el Atlético de Madrid, en condiciones normales, bien armado y concentrado, debe ganar esta competición".
"Algunos de sus mejores jugadores, Zamora, Duff, van a llegar al partido renqueantes. El Fulham le va a dar el balón y veremos cómo gestiona eso, porque el Atlético tiene problemas en la circulación, es de contraataque, de mucha dinamita arriba, pero le cuesta hacer la transición y llevar la iniciativa", explica.

"SUEÑO CON EL DOBLETE"
Sin embargo, Miguel Ángel Ruiz, como todo aficionado colchonero, "sueña" con el doblete: "Está factible. Veo más fácil la final europea que la del Sevilla. Por ello sería importantísimo ganar este primer partido. Por la importancia de ganar un título europeo y por llegar a la final de la Copa del Rey con la tranquilidad de ya haber conseguido un título y no con la urgencia de que, si no ganas la Copa, te quedas sin nada".
Atleti, haz que no nos despertemos de este sueño.

sábado, 8 de mayo de 2010

Al final, viajo solo a Hamburgo; Atleti, bendita locura

JUEVES
10:00 horas: He agotado todas mis posibilidades de encontrar un amigo atlético con quien viajar a Hamburgo. Mañana me traen las dos entradas de un patrocinador desde Irlanda (130 euros cada una) y estoy decidido a llamar para renunciar a ellas.
11:00 horas: Contemplo la posibilidad de recoger las entradas y revenderlas a un precio algo superior al que yo voy a pagar (150) para no quedar mal con las personas que me las consiguieron. Cuelgo un par de comentarios en foros anunciándolo. Si no me escribe nadie antes de las 13:00 horas renuncio a ellas.
14:00 horas: Me han escrito tres personas interesadas, pero me llama un amigo de un conocido para decirme que le interesan. Le doy prioridad a él mientras busca un viaje económico. Digo al resto que esperen y después les informo.
16:00 horas: El amigo del conocido me dice que no han encontrado viaje por menos de 500 y que se las venda a otros. Mando correos a los otros interesados, por orden de la “confianza” que me habían inspirado.
18:30: La mujer a la que había dado prioridad porque quería una entrada para que su hijo pudiera ir con su tío y un amigo me llama para decirme que ha encontrado entrada por otro lado.
20:00 horas: El segundo interesado, asturiano, también ha encontrado billete por una peña.
21:00 horas: La tercera persona no da señales… Como reventa no tengo precio. Es tarde. Tendré que renunciar a las entradas mañana.

VIERNES
9:30 horas:
Me despierto con un mensaje de mi intermediario para ir a Hamburgo: “Ya tengo tus entradas. Te llamo luego para quedar”.
10:00 horas:
Cojo el teléfono dispuesto a renunciar a ellas. Apuré demasiado. Ya voy a quedar mal. Me resigno pensando que viajar solo no es un buen plan.
-Hola, sí, tengo un problema. No he encontrado con quien ir. No quiero viajar solo. Lo siento.
-Vaya putada. Lo siento porque no viajes. Por las entradas no te preocupes. Ya las colocaremos.
10:30 horas: Llamo a mi padre. “No voy a ir, ya he renunciado a ellas. Podemos verla en el Calderón, que pondrán pantallas gigantes. Viajar solo era una locura. Así lo veo aquí con vosotros (me autoconvenzo…)”.
10:45 horas: Entro a la página del Club. “No habrá pantallas gigantes en el Calderón por razones logísticas…” No me jodas.
“Aún quedan 700 entradas en taquilla…” Por lo que escuché ayer, las más baratas.
11:00 horas: Cojo el coche en casa de mi novia camino a Getafe. En Radio Marca hablan de la final de Hamburgo. Estoy jodido. ¿Y si me paso por el Calderón a ver si hay colas…?
11:30 horas: Estoy en el Paseo de Los Melancólicos
. Pongo un ticket de la hora por 20 minutillos. Voy a mirar…
11:35 horas: No hay colas. Me acerco a ventanilla. Quedan de 55 euros (me ahorraría 80 respecto a las anteriores). Me ofrecen un viaje de la agrupación de peñas por 400 euros (me ahorraría otros 100…).
11:40 horas: Llamo a mi novia.
-¿Qué hago? Estoy loco, pero quiero ir. Es una oportunidad única.
-Se te va la pinza, pero si es lo que quieres…
11:45 horas: Tengo mi entrada y mi viaje en las manos. Salgo a las 8:30 y vuelvo tras el partido. Me ahorro hacer noche. Contemplo antes de mí la alegría de un hombre porque quedaran entradas. Llama a sus colegas: “¡Tenemos entradas para la final!”, grita eufórico.

DEL INFIERNO AL CIELO
11:50 horas: Vuelvo a mi coche. Estoy feliz. En el fondo era lo que quería, lo contrario era engañarme. Espero ver allí a Jorge Olmos… y a Sergio Medina.
Tenía que estar ahí. Del infierno al cielo, en sólo 20 minutos. Y sin colas. Como el Atleti. No podía ser de otra forma. Bendita locura. ¡Nos vemos en Hamburgo!

jueves, 6 de mayo de 2010

Quebraderos y dilemas por el Atleti

Estos últimos días, lejos de ser felices y eufóricos, me han traído muchos quebraderos de cabeza a causa del Atleti.
Tengo entradas para Hamburgo, dos, a precio de 130 euros que me han conseguido a través de un patrocinador.

Debería sentirme un privilegiado por ello, pero no he encontrado a nadie con quien ir. Ni mi padre, ni mi novia, ni algunos amigos están dispuestos a asumir los 500 euros del viaje en avión. Con lo que yo, tampoco estoy convencido de la posibilidad de ir solo, aunque conozco a un par de atléticos que estarán allí. Pero sin viaje ni alojamiento cerrado, voy a renunciar a las entradas. Me duele mucho, y aún a esta hora no he llamado para decir que se las den a otro (me las entregaban mañana), e incluso algún amigo me ha dicho que las revenda. Pero creo que no valgo para eso.

NO FUI AL CALDERÓN A VER AL VALLADOLID
Los quebraderos continuaron ayer. Comencé mi andadura en Telemadrid y al salir me di cuenta de que no me había llevado conmigo el abono del Atleti. Otro dilema, volver a Getafe y luego al Calderón para ver un descafeinado Atlético-Valladolid al que mi padre ya me había dicho que no iba a asistir, o pasar de viajes inútiles...
Al final, me quedé en casa de mi novia y escuché la primera parte por la radio, donde el Valladolid perdonó lo imperdonable ante un Atleti displicente y firmó su sentencia de muerte, y vi la segunda por la tele.
Aún así, por intrascendente que sea el choque, ver los goles de Juanito, Jurado y Forlán y no estar en el campo para celebrarlos me duele.
Así soy yo. Así siento el Atleti. Que estos días, lejos de las alegrías que debería estar experimentando, me está haciendo estresarme. Todavía estoy buscando cómo conseguir entradas para Barcelona para un amigo y mi novia, además de las que tengo mía y de mi padre con los dos abonos. ¡Qué agonía!

domingo, 2 de mayo de 2010

Hoy también jugaba el Atleti

Aunque no lo pareciera, hoy también jugaba el Atleti. Es difícil, en apenas tres días, experimentar un contraste mayor entre dos partidos de tu equipo. De la tensión insondable del jueves, con la emoción a flor de piel y el corazón palpitando a cada jugada, a la indiferencia de hoy, un partido indolente en el que nada había en juego y, aunque esté mal decirlo, convenía perder.
Fue como pasar de la última montaña rusa con los loopings más espectaculares a dar de comer a las palomas en un banco; como tirarte de un avión en paracaídas a, tres días después, meterte en una sauna.
El jueves, mi padre me decía que, como siga así, “cuando sea mayor no vas a poder ver el fútbol. Te va a dar un infarto”. Esta tarde, me sorprendía mandando mensajes sin enterarme demasiado del juego, o terminando una partida del Tetris con la segunda parte ya comenzada.
Se trataba de un partido poco deseable. El Atleti con la conveniencia de perder, para “ayudar” al Sevilla a meterse en Champions y garantizarse así, aún perdiendo la final de Copa, una plaza en la UEFA.
Pensar en perder no es recomendable. Y pensar en perder por si pierdes... menos aún. Pero es lo que había. Y a hacer este partido más llevadero ayudó, y mucho, la clasificación del jueves para la final de la UEFA. Alguno de los dos títulos caerá, espero. De lo contrario, habría sido un partido muuuuy triste.

LAS ENTRADAS DE HAMBURGO
Hablando de la final de Hamburgo. Hoy se ha conocido el ritual para el reparto de entradas y no me parece para nada justo que los 15.000 primeros abonados con abono total puedan coger una entrada a otro abonado total, aunque sea el 45.000. Con esta medida, yo, que soy el 16.000, no creo ni que las huela... Y estoy devanándome los sesos para encontrar una...

¿EL PARTIDO? GANÓ EL SEVILLA, CLARO
Como verán, 300 palabras después y aún no he hablado del partido... Perdió el Atleti, sí. Lo siento por los del Mallorca, a los que no me habría importado echar una mano y fastidiar al Sevilla. Como digo, algún título caerá...
A los cinco minutos, vino el primero. Un corner al segundo palo (el primero de los once de los que dispuso el Sevilla) fue rematado por Luis Fabiano, libre de marca, a gol (1-0).
Como había quedado un poco descarado, el Atleti empató a los dos minutos para disimular. Una falta prolongada al segundo palo por Camacho fue propulsada a la red por Tiago apareciendo desde atrás (1-1). Segundo gol del portugués en esta Liga.
Sólo hubo que esperar otros cinco minutos para que los hispalenses volvieran a ponerse en ventaja. En un balón dividido en el flanco izquierdo del área, Valera arrolló a Adriano y encima se hizo daño. Gracias Dios, por no dejarle liar ninguna en Anfield. Según mi madre, no fue penalti porque los dos chocaron, pero Valera no lo hizo aposta...
Sin embargo, Pérez Burrull no lo vio así, y Negredo colocó el 2-1.

OTRO PENALTI
Cada corner del Sevilla era rematado por uno de blanco. El primero, gol. El segundo, remate de Fazio fuera. El tercero, parada de De Gea a cabezazo de Luis Fabiano. Y el cuarto, penalti...
Luis Amaranto Perea
, hoy capitán, agarró a Konko dentro del área y éste se dejó caer. Uno de esos agarrones que hay mil en la zona de castigo en cada partido. Pero Pérez Burrull estaba dadivoso y lo volvió a pitar. Y Álvaro Negredo lo volvió a marcar, esta vez engañando a De Gea con sutileza.
Con el 3-1, pensé que así al menos el Atleti se podía permitir meter otro golito. Pero sólo Reyes estaba por la labor, al que su ex equipo paró en reiteradas faltas cuando intentaba internarse.
Con el descanso asomando por la bocana de vestuarios, el utrerano mandó al poste izquierdo una buena jugada del Kun Agüero.
Cabe destacar, antes de que se me olvide, que el día de hoy pasará a la historia por ser el del debut del fichaje estrella de García Pitarch: Leandro Cabrera.
El uruguayo, al que hasta ahora sólo habíamos visto en imágenes de los entrenamientos al lado de Forlán, me causó indiferencia, como el partido. Aunque tuvo un miura como Jesús Navas para estrenarse.

45 MINUTOS MÁS LARGOS QUE EL ÚLTIMO MINUTO DE ANFIELD
En la segunda parte, nada de nada. Un par de jugaditas del Kun, una de ellas finalizada en gol anulado por un dudoso fuera de juego; un tiro al larguero de Fazio en el enésimo corner, y 45 minutos que se me hicieron laaaaargos, laaargos, casi tanto como el último minuto de la prórroga del jueves en Anfield.
Con Europa prácticamente en el bolsillo, sólo falta rematar la temporada con un Doblete que tanta falta nos hace y con el que enjugar las muchas lágrimas derramadas en la última década. Nos lo merecemos. Nosotros. Los mismos que daríamos un riñón por ir a Hamburgo.
Por cierto, no sé si lo he dicho ya, pero... ¿alguien me consigue una entrada?